Esperar, atender, escuchar y acoger son  funciones que el musicoterapeuta debe desempeñar en el proceso musicoterapéutico. No son las únicas, pero sí son de las más importantes. Por ello, hoy hablaremos de algunas cuestiones relacionadas con la formación y funciones del musicoterapeuta y el vínculo terapéutico.

Lo primero que planteamos, es la necesidad de defender, como ya hemos hecho a lo largo de todos los post, que la musicoterapia solo puede ser ejercida por un o una musicoterapeuta titulado y titulada. De lo contrario no se puede hablar de musicoterapia. Hablaríamos de actividad musical; clase de música o cualquier otra acepción relacionada. A partir de aquí, comparto algunas ideas…

» El musicoterapeuta debe ser exclusivamente musicoterapeuta y por lo tanto tener una formación específica (…) El musicoterapeuta debe ser ante todo terapeuta con un gran concocimiento teórico y práctico de la utilizacion del complejo mundo sonoro, musical y del movimiento» (Benenzon, 2011).

Cuando hablamos de quien es el/la musicoterapeuta estamos hablando de que es un/a profesional formado/a específicamente en esta disciplina, que cumple unas funciones específicas  y que forma parte de un equipo interdisciplinar.

2. La formación del y de la musicoterapeuta

La formación de la musicoterapeuta no es igual en todos los países. En este sentido existen como formación inicial:

  • Grado en Musicoterapia
  • Licenciatura en Musicoterapia
  • Máster oficial en Musicoterapia

La formación debe tener básicamente cuatro áreas: Un área médica; Un área psicológica; Un área musical y un área de aplicación. Por tanto debe darse una formación interdisciplinar en la que se combine teoría y prácticas.

La formación práctica del alumnado tiene tres características básicas: a) Prácticas en una instritución y b) horas de supervisión de su propia práctica y c) observación de otros supervisores.

Existen formaciones específcas relacionadas con algunos de los modelos propios de la musicoterapia:

Formación en el modelo Benenzon

Modelo BMGIM

Nordoff-Robins

Abordaje plurimodal de musicoterapia

3. El vínculo terapéutico

En cualquier terapia, también en musicoterapia, se debe tener en cuenta las condiciones iniciales de la persona con la que intervenimos. Por tanto es importante realizar una buena valoración respetando los tiempos del paciente y recopilando información clínica que puedan aportar otros profesionales y sea valiosa para nuestra intervención.

En la intervención, además, debemos establecer un vínculo terapéutico adecuado que favorezca el cuidado y el respeto al proceso del y de la paciente, esperando, atediendo, escuchando y acogiendo al otro. Para ello el musicoterapeuta debe saber esperar, atender, escuchar y acoger

El vínculo, en la relación terapéutica es la relación emocional que se establece entre pacientes y terapeutas. El trabajo con el vínculo constituye la base sobre la cual podrá asegurarse el curso del tratamiento (Romero, 2015).

Este vínculo conlleva la oportunidad de construir una relación de apego seguro. El terapeuta consigue establecer ese vínculo mostrando interés, empatía, aceptación, apoyo incondicional y capacidad de contención por parte del terapeuta

La relación terapéutica que establecemos con los pacientes tiene el objetivo de crear un contexto de confianza y de seguridad generando un clima de cuidados, de ética del buen trato y de calidez.

4. La comunicación terapéutica

Para crear una comunicación terapéutica adecuada se deben establecer unas pautas respetando unas normas éticas en las que el respeto al paciente son el centro del proceso terapéutico.

Esperar, atender, escuchar y acoger son acitudes que nos ponen en condiciones de crear y re-crear (Benenzon, 2011).

  • Esperar para darle tiempo al otro para que se exprese o el acontecimiento se produzca
  • Atender: Tomar la actitud de entender lo que el otro está disupuesto a expresarnos.
  • Escuchar oyendo con atención lo que dice el otro. No solo se escucha cn los oídos, sino con todo el cuerpo
  • Acoger: admitir al otro, admitir como propio aquello que nos rodea

5. Algunas cuestiones finales

Estas actitudes: Esperar, atender, escuchar y acoger deben estar presentes en el proceso musicoterapéutico. Para poder facilitar dicho proceso es necesario formarse como musicoterapeuta y recibir no solo esa formación inicial, sino también una formación continua y una supervisión de nuestra práctica.

Con el establecimiento de un vínculo afectivo adecuado y una comunicación terapéutica, sentamos las bases de un contacto emocional. Ello va a permitir  desarrollar un proceso adecuado, enriquecedor y lleno de confianza.

Encuentra más información  en Benenzon, R. (2011) Musicoterapia. De la teoría a la práctica. Barcelona: Espasa libros


Empar Guerrero

Dra. en Ciencias de la Educación. Licenciada en Pedagogía. Máster Oficial en Musicoterapia. Profesora en diferentes universidades Nacionales y Latinoamericanas. Musicoterapeuta con mujeres víctimas de violencia de género. Colaboro con diferentes Asociaciones y ONG's.

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