En Musicoterapia, con mujeres víctimas de violencia de género, utilizamos también la danza, el movimiento corporal como parte de la intervención. En este post, la danza de la vida, queremos compartir la experiencia que pusimos en marcha en dos sesiones de musicoterapia con mujeres víctimas de violencia de género.

«Nunca pensé que sería capaz de hacer lo que he hecho. Me he sentido muy torpe al principio, pero muy bien después» (M.1.1)

La danza es considerada arte y forma de expresión que se produce  por medio del movimiento. Su trabajo y desarrollo permite “coordinar destreza física, actividad intelectual y expresión de emociones y sentimientos” (Cuellar, 1996, p. 231).

 A través de la expresión corporal el sujeto da a conocer su mundo interno, sus sensaciones, emociones o ideas y establece una comunicación con los demás, convirtiéndose en una herramienta útil para expresar y comunicar lo que se siente (Guerrero y Fuentes, 2019) .

La danza vivencial, se presenta como una herramienta liberadora de energías y actitudes, así como un soporte básico para trabajar emociones y desarrollo de una autoestima saludable. Todo ello es posible por el  enorme potencial emotivo y comunicativo del lenguaje dancístico.

» Con el baile he podido reconciliarme con mi cuerpo. He descubierto que puedo mover los brazos y las manos de forma hermosa, ágil. Ha sido bonito» (M.1.2)

2. Danza y emociones

Algunos autores (Bisquerra, 2011), definen las emociones como un conjunto de señales internas que nos dirigen para poder mantenernos vivos y realizan funciones tales como regular nuestra atención, controlar el entorno, buscar los acontecimientos que son relevantes para la adaptación y avisar a nuestra conciencia cuando esto ocurre.

La percepción e identificación de las emociones requiere de un lenguaje emocional preciso y por ello es importante y necesario desarrollar un vocabulario emocional adecuado que permita expresar a través del lenguaje el modo en el que nos sentimos (Bisquerra y Filella, 2018), ya que cuando una persona es capaz de expresar correctamente su estado emocional se puede gestionar mejor el conflicto (Cervantes y González, 2017).

La danza y la musicoterapia se presentan como herramientas útiles para identificar las propias emociones y las de los demás. También permiten conectar con el «yo» y mejorar los estados anímicos. Y por eso la utilizamos en algunas sesiones de musicoterapia.

» Al principio no me sentía a gusto. No esperaba porder hacer lo que se proponía . Nunca he tenido gracia para bailar. Pero he visto que sí he podido hacerlo y me ha gustado. ¿ cuándo volvemos a bailar?» (M. 1.3)

3. Y ahora la propuesta

Para desarrollar esta propuesta nos hemos basado en la actividad que propone Moreno ( 2004) en el que incorpora danza, música y drama. Compartimos como lo hicimos:

En la primera, de las dos sesiones, que presentamos, estuvimos trabajando en grupo movimientos corporales primero sin música y luego con música; introdujimos una pequeña coreografía y acabamos con la identificación de las emociones que sentían en ese momento.

El objetivo de esta primera sesión era favorecer le movimiento corporal en  las mujeres víctimas de violencia de género y prepararlas para la propuesta de la segunda sesión.

En la segunda sesión hicimos la siguiente propuesta:

Pedimos al grupo de mujeres víctimas de violencia de género, que se imaginaran como representarían su vida a través de la danza.

Se les pide que piensen qué emociones transmitiría esa danza: ¿alegría? ¿ tristeza? ¿ euforía? ¿ miedo?…..

Se les propone que piensen en qué música acompañaría esa danza: tipo de música; volumen; melodía….

El grupo de 10 mujeres, se divide en dos, de cinco componentes cada uno. Un grupo tocará los instrumentos acompañando al otro grupo que danzará siguiendo a la mujer que en ese momento propone su danza.

Así sucesivamente se van pidiendo voluntarias para que un grupo dance con ella y otro va acompañando con música. La idea es que vayan cambiando de rol.

Al acabar, se sugiere que, de manera voluntaria, compartan sentimientos y emociones que han sentido al danzar y  acompañar musicalmente a las compañeras.

» Me ha gustado que las compañeras me aompañaran en mi danza. Nos lo hemos pasado muy bien. Había conexión» (M. 1.4)


Empar Guerrero

Dra. en Ciencias de la Educación. Licenciada en Pedagogía. Máster Oficial en Musicoterapia. Profesora en diferentes universidades Nacionales y Latinoamericanas. Musicoterapeuta con mujeres víctimas de violencia de género. Colaboro con diferentes Asociaciones y ONG's.

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